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GUERRA CIVIL PDF COMPLETO

Friday, September 27, 2019


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Guerra Civil Pdf Completo

Author:ELLIS WELLBROCK
Language:English, Spanish, French
Country:Malta
Genre:Science & Research
Pages:227
Published (Last):23.02.2016
ISBN:428-2-18143-729-1
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Que durante la Guerra Civil, el Presidente en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y en la Vea la película completa por sí mismo antes de. Download as PDF, TXT or read online from Scribd Sociedades en guerra civil es un libro multidisciplinar en el que colaboran historiadores, socilogos y politlogos. Las lites polticas establecidas estn por completo interesadas en aplicar. convertido en un tipo de “guerra civil continuada por otros medios”, lo cual tiene que ver con las . en el contexto de una guerra interna prolongada en una sociedad en la que nissart.info

En general se. Una segunda observacin se refiere a la exigencia de la caracterstica 2 de que al menos uno de los bandos tenga un vnculo con el gobierno. Cmo habra que juzgar, por ejemplo, una situacin en la que las tropas gubernamentale s regulares abjuraran del gobierno y persiguieran sus propias metas politicomilitares? O una situacin en que unas milicias surgidas espontneamente de la sociedad pretendieran luchar por el Estado y el gobierno?

Adase la constatacin, recurrente en muchos escenarios blicos actuales, de que con frecuencia los bandos cambian su semblante camalenicamente: Qu nivel hay que considerar, qu procedimiento seguir en el tema de la clasificacin?

O es necesaria de entrada una diseccin que trate la respectiva dinmica total de cada conflicto? Estas preguntas son importantes no slo para la adecuada concepcin y clasificacin de las guerras particulares sino tambin porque tras ellas se halla el problema ms amplio de si las guerras civiles, como establece la definicin inicial, siempre giran necesariamente en torno a la conquista, refundacin o transformacin del gobierno y del Estado, o de si, ms bien, escapan tal vez al sistema estatal de referencias y coordenadas.

Al repasar la bibliografa existente sobre la especificidad de las guerras civiles se obtiene un resultado peculiar. Es indudable que se acostumbra a dividir las guerras en internacionales y nacionales, reconocindose las ltimas por pertenecer los bandos a un mismo Estado cuyo territorio representa el escenario blico. Pero ms-all de esta divisin formal, contina siendo vago cul es el factor que constituyla peculiaridad delasguerras.

Con todo, siempre se alude o refiere al especial ensaamiento y dureza que las distingue. Ya en Csar puede leerse que en el asedio de una ciudad enemiga arrasar los graneros y las simientes, desviar los ros y envenenar los pozos forma parte de los medios usuales para obligar a los habitantes a ceder. Schulz califica una de las primeras guerras civiles de la modernidad, la resistencia de la poblacin de la Vende, fiel al rey y a la Iglesia, contra los jacobinos centralistas de Pars, desde hasta , de guerre l'outrance, guerra hasta el extremo.

Es verdad que all se movilizaron ejrcitos regulares en ambos bandos pero al mismo tiempo se inici tras el frente una guerra de partisanos que sembr despiadadamente el terror entre la poblacin civil.

Ya entonces se emplearon todas las prfidas prcticas de la violencia que estn todava frescas en el recuerdo de la reciente guerra civil de Bosnia-Herzegovina: La guerra civil espaola de , para nombrar todava un cuarto ejemplo, presenta la misma tendencia a una cfiieldad excesi Apenas hubo prisioneros, se asesinaba inmediatamente a los enemigos atrapados tambin los desarmados y heridos ; las ejecuciones sumarias estaban al orden del da, el dinero y los bienes del enemigo, incluidos los tesoros artsticos valiosos, fueron confiscados y bienvenidos como botn de guerra.

Mientras que la muerte de los enemigos exteriores se contemplara como necesaria y aproblemtica, la violencia entre miembros de un mismo gran grupo suscitara una mayor atencin y se considerara antinatural.

Este enfoque relativizador se sirve a veces de la familia como metfora. La comparacin con la familia podra no ser del todo injustificada, ya que en efecto explica no tanto la presuncin de que las luchas dentro de una misma nacin se perciben extraordinariamente duras y ensaadas, como el hecho de que realmente son as o tienen estas caractersticas.

En general hay que concluir que la cercana espacial o en determinados casos animicoespiritual de individuos ygrupos no genera necesariamente un clima de armona social sino que, al contrario, puede prestar una acritud 'especial a los conflictos entre ellos. Dos causas ms seran la asimtrica situacin de partida de tales conflictos y la implicacin existencial de todos los participantes.

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Afirmar, como se ha hecho a veces, que los hombres ejercen la violencia ms fcilmente sobre aquellos que ms extraos son es, formulado as, difcilmente sostenible, como ya vio G. Simmel con claridad. Para mostrarlo con un ejemplo: Quienes conocen Irlanda del Norte indican a menudo que los protestantes comparten muchos ms rasgos caractersticos con los catlicos que con los ingleses o escoceses a los que se sienten ntimamente afines. Y, con todo, basta tina marca separadora, la confesin, junto con una tradicin histrica y una memoria asimismo diferenciadas, para que ambos grupos de poblacin se enfrenten en una enemistad irreconciliable.

Quien, por ejemplo, est bien familiarizado con el sentido del honor y deshonor de su rival, puede, al pisotear estos principios, infligirle, adems de perjuicios externos, profundas heridas anmicas.

Aqu, efectivamente, se impone la analoga con determinadas disputas familiares, cuya prolongada e intencionada humillacin recproca genera un odio imborrable. Otro motivo de la tendencia propia de las guerras civiles a una especial radicalidad e inclemencia lo vemos en la asimtrica situacin de partida que acostumbra a caracterizarlas: Todos los cdigos penales del presente y del pasado prevn la posibilidad de sancionar draconianamente este tipo de desafos al rgimen.

Las lites polticas establecidas estn por completo interesadas en aplicar dichas leyes del modo ms enrgico, esto es, proceden con todos los medios a su disposicin contra los insurgentes mientras stos son todava dbiles con el fin de desarticular sus dispositivos militares y dar un escarmiento que disuada a eventuales simpatizantes.

Los rebeldes, por su parte, conscientes de su inferioridad inicial, aspiran a ganar territorio y apoyo de la manera ms rpida posible, por lo que tampoco pueden ser muy escrupulosos en sus mtodos. La parte ms dbil en un enfrentamiento blico se siente con frecuencia poco atada a reglas restrictivas, puesto que cree tener, slo por su inferioridad, el derecho y la moral de su lado. As se llega a aquella espiral de crecientes excesos violentos que distingue a las guerras civiles. A ello tambin contridownloade en tercer lugar que las guerras civiles no son guerras de conquista en el sentido usual, en que se trata de aumentar el poder y el territorio, sino que en ellas se pone en juego la existencia de los grupos contrincantes, su identidad colectiva, en algunos casos incluso su supervivencia fisica.

Los contendientes en una guerra civil estn ms estrechamente ligados entre s que, por ejemplo, los Estados nacionales enemistados, razn por la cual, exceptuando los casos relativamente raros de secesin exitosa, tienen que llevarse bien tanto en lo bueno como en lo malo.

Esta idea no se refiere solamente a la tierra disponible sino que atae a todos los restantes bienes y recursos, personas incluidas.

La eliminacin de la mayor cantidad posible de enemigos no slo rinde beneficios en la lucha sino que adems asegura tras una eventual paz una preponderancia numrica en unas elecciones.

La faceta existencial de una guerra civil aparece con ms claridad cuando uno de los bandos es empujado a actuar a la defensiva. Entre la espada y la pared, se defiende con el valor de la desesperacin, es decir, desarrolla una motivacin para la lucha frente a la cual los agresores no tienen nada que oponer.

Es lgico preguntarse si en el recuento de las particularidades de las guerras civiles no se habr olvidado su rasgo ms importante, la circunstancia de que en ellas luchan ciudadanos contra ciudadanos. A ms tardar, desde la revolucin francesa de la guerra popular, la leve en masse, es un signo permanente de casi todas las guerras modernas, una evolucin que, como ha sealado S. Frster, desemboca casi forzosamente en la guerra total, como ocurri, por ejemplo, en las dos guerras mundiales.

Recurdese, si no, la ltima guerra mundial, en que, a espaldas de las fuerzas armadas alemanas, muy avanzadas en el Este, surgi una enardecida lucha partisana. Por otro lado, las guerras civiles no consisten nicamente en una sucesin de escaramuzas, emboscadas o acciones de tipo hit and run, sino que se dirimen tambin en batallas regulares con ejrcitos regulares. Por muchas vueltas que se le d, ni a partir del mtodo estratgico ni a partir de la organizacin e idiosincrasia principal de los bandos puede establecerse una autntica oposicin entre guerra nacional y guerra internacional.

Esto es, en cualquier caso, lo que se constata cuando se refieren ambas formas de guerra a un ltimo objetivo comn: Entre dichas condiciones podran contarse: Esto no significa que no haya habido y haya numerosas desviaciones de estos principios establecidos a partir de las guerras internacionales europeas de los siglos xvii, xviii y XIX.

Sobre todo en las guerras civiles, dichos principios se han infringido de forma manifiesta. Sin embargo, la suma de todas estas infracciones no aporta todava ningn contramodelo decisivo de la accin blica si se considera la lucha por el poder del Estado como punto clave de la misma. Pero toda la bibliografa coincide al confirmar que el partisano est altamente motivado desde un punto de vista poltico, esto es, no cabe ninguna duda respecto a su intencin de soportar su campaa militar, llena de sacrificios y privaciones, por mor de un objetivo superior que depende en definitiva de una determinada idea de Estado.

Los maestros de la guerrilla, como por ejemplo Mao Tse-Tung, siempre han destacado que sta slo es apropiada en una fase de transicin, mientras todava se est supeditado al enemigo. Por el contrario, la decisin militar definitiva que allane el camino hacia el poder tiene que producirse en batallas a campo abierto entre ejrcitos regulares,' lo que demuestra que el objetivo ltimo y el botn perseguido, el Estado como dimensin ideal y real, imprime su sello sobre los bandos y les impone sus categoras ya por anticipado.

Ahora bien, puede alegarse que el Estado nacional de cuo clsico ya ha superado su punto lgido como principio de ordenamiento poltico. Tanto a nivel subestatal, en forma de movimientos regionales y tnicos, como a travs de asociaciones y organizaciones supranacionales, le han surgido serios rivales que cuestionan sus competencias y limitan su poder de control sobre individuos y grupos sociales.

En pases de frica, Asia y la antigua Unin Sovitica, algunos de ellos liberados desde hace slo dcadas de un largo dominio colonial, empiezan a desintegrarse unas estructuras polticas que desde el principio nunca haban alcanzado un grado de consolidacin comparable al europeo. Lo que sucede en realidad sobrepasa ms bien el Estado en su forma original, creada a partir del modelo europeo.

En el mbito militar, la amenaza nuclear ya ha reducido al absurdo la soberana estatal y la consiguiente pretensin de ofrecer al ciudadano como contrapartida a su obediencia proteccin contra los peligros exteriores, pues una guerra con bombas atmicas no puede realizarse sin el riesgo de exterminio de la propia poblacin, cosa de la que los dirigentes polticos del Este y el Oeste han sido bien conscientes durante la poca de la Guerra Fra.

Las low intensity wars 27 muestran, sin embargo, unos rasgos que, segn Van Creveld, ya no pueden entenderse como simples modificaciones del modelo de guerra clsico, referido al Estado, porque ms bien lo cuestionan en sus fundamentos. Por ejemplo, los siguientes: Ya no estn subordinados a la poltica o a la razn de Estado, sino a cualesquiera fines posibles materiales, religiosos, tnicos e incluso pueden ser un fin en s mismos.

La clsica relacin entre liderazgo poltico y plana mayor militar se invierte parcialmente; los militares dictan la lgica por la que tiene que regirse la gramtica de los polticos. Puesto que los roles y fines implicados en ella han cambiado, las normas sobre el modo en que debe hacerse la guerra, desarrolladas a partir del fin de la Guerra de los Treinta aos conforme al derecho internacional, ya no bastan. Por eso se tambalea todo el modelo tradicional de cmo llevarla a cabo.

De ellas pueden extraerse, creemos, tres conclusiones: En primer lugar, dejar firmemente establecido que no existe el o slo un prototipo de guerra civil, sino que el concepto abarca un amplio espectro de posibles formas y estilos. Sobre todo, debemos guardarnos, si no queremos ignorar las tendencias ms innovadoras, de considerar guerras civiles nicamente aquellas acciones blicas referidas al Estado o gobierno.

Ms bien, el concepto abarca desde el ejemplo clsico de guerra civil, que, protagonizada en origen por ejrcitos regulares, se aproxima en gran medida al modelo de las guerras internacionales, hasta conflictos colectivos sin referencia directa reconocible con el Estado, conflictos en los que aparecen nuevas formas de ordenamiento social y poltico.

En segundo lugar, viendo la evolucin de las guerras civiles en los pasados ciento cincuenta aos puede identificarse una clara tendencia. Mientras el Estado nacional era el principio indiscutido de organizacin poltica, los bandos enfrentados seguan bsicamente el modelo de las guerras internacionales.

Por ejemplo, en la guerra civil norteamericana ambas par-. Pero al socavarse subrepticiamente la autoridad del Estado nacional en las pasadas dcadas, tambin el modelo clsico de guerra internacional que le corresponda ha decado y en su lugar se ensayan nuevas formas de poder colectivo tangenciales o totalmente exteriores a la esfera de influencia estatal.

Podra hablarse de una inversin de la relacin tradicional entre conflictos internacionales y nacionales, dado que son estos ltimos los que cada vez inciden ms en el espacio internacional. Como resultado de todo lo anterior y respecto al procedimiento a seguir a continuacin, parece ocioso pergear una definicin terminante, una frmula convincente que incluya todas las formas pensables de guerra civil. Sobre todo teniendo en cuenta que no es nuestro deseo aportar una panormica cuantitativa sobre el nmero y extensin de las guerras civiles pasadas y presentes sino esclarecer el fenmeno en su estructura esencial Al relativizar el criterio de la referencia al Estado o gobierno, somos plenamente conscientes del peligro de hacer demasiado extensivo el espectro de los fenmenos que pueden calificarse de guerra civil.

Pero nos parece todava mayor el riesgo de pasar por alto, a causa de una concepcin demasiado limitada del concepto, cualquier nueva evolucin que insine una subversin profunda de los conflictos polticos violentos. Tales subversiones deben observarse en dos mbitos: En la bibliografa sobre el tema, la ausencia de reglas de las guerras civiles es opuesta generalmente a una cierta regulabilidad de las guerras internacionales. El argumento es que, mientras durante siglos se ha podido abordar parcialmente los episodios blicos internacionales, las guerras civiles no conocen ninguna limitacin y se llevan hasta el extremo.

Ha habido guerras exteriores en que se han despreciado incluso los ms elementales principios humanitarios, y, viceversa, guerras civiles en las cuales estos se han respetado al menos en parte.

Sin embargo, es cierto que hay un desnivel entre guerra internacional y guerra nacional en cuanto al respeto por alguna clase de regla. Este desnivel se acenta, adems, si examinamos los conflictos ms recientes, los cuales trascienden la estricta esfera del Estado tanto en el sentido tico-moral como en el estratgico-militar.

La delimitacin normativa del hecho blico desde el punto de vista ticomoral es sobre todo obra del derecho internacional. Dicho canon concernira entre otros a heridos, prisioneros de guerra y poblacin civil; asimismo declarara tab determinados medios por ejemplo, el uso de gas venenoso.

Pero es indudable que estas reglas restrictivas slo se aplican en las guerras grandes, las internacionales, mientras que la guerra pequea, la interior, transcurre en un espacio no sujeto a derecho.

Quien se alza contra el propio gobierno puede contar, en el mejor de los casos, con ser tildado de criminal poltico y sometido al derecho penal vigente, derecho que por lo general ya penaliza las actividades conspirativas en tanto que anticipos de alzamientos ms violentos. Pero lo ms probable es que se le arrebate tras la proclamacin del estado de sitio toda proteccin legal, esto es, que se le coloque hors la loi, de manera que se permita cualquier procedimiento represivo contra l.

Pero estos esfuerzos slo tuvieron xito en el caso de las llamadas guerras de liberacin anticolonialista, las cuales una concesin a la potente fraccin de los pases subdesarrollados ya fueron tratadas, anticipando el resultado esperable, como conflictos internacionales. Por el contrario, los mismos pases del Tercer Mundo se negaron enrgicamente a limitar en su interior, a causa del mandato de respetar unos ciertos derechos humanos fundamentales, su recin lograda soberana.

Los enfrentamientos blicos de, por ejemplo, Liberia, Somalia, Colombia o Afganistn presentan una dinmica propia que revienta cualquier regla y aleja a estos pases cada vez ms de la nocin occidental de una guerra respetuosa con unos mnimos principios ticos. Los intentos exteriores de ejercer una influencia moderadora han aumentado algunas veces esta distancia, en lugar de disminuirla.

El desprecio de las normas del derecho internacional est estrechamente relacionado con el abandono de las reglas operacionales de la estrategia militar occidental. Unas y otras fueron desarrolladas durante siglos por estrategas y juristas occidentales como un, por decirlo as, corpus coherente de principios de comportamiento a seguir en el caso de conflictos blicos; y unas y otras son consecuentemente desdeadas o ignoradas en. Ya se ha hablado de la guerra irregular de los partisanos o guerra de guerrillas, que, desde la exitosa resistencia de la poblacin espaola contra el ejrcito de ocupacin de Napolen a principios del siglo xix, ha desfilado triunfalmente por todos los continentes.

Sin embargo, desde la irregularidad de la lucha de los guerrilleros, los cuales no pueden arriesgarse, a causa de su inferioridad numrica y armamentstica, a ninguna batalla a campo abierto, a la arregularidad todava hay un paso importante.

Tericos y prcticos de la guerra de guerrillas han remarcado siempre que sta slo puede tener xito si se respetan algunos principios bsicos. Quizs algn que otro de estos principios pueda haberse seguido en las guerras internas que actualmente hacen estragos en algunos pases de frica y Asia pero todos los informes competentes transmiten la impresin de una reiterada y masiva abolicin de cualquier regla. La fuerza fsica se ejerce contra heridos y prisioneros igual que contra mujeres, nios y ancianos desarmados.

Torturas, maltratos de todo tipo, expulsiones y fusilamientos masivos son procedimientos habituales. La violencia desencadenada no tropieza con ninguna barrera, slo encuentra su tope en el agotamiento de sus autores o en la contraviolencia del rival. Elwert ha llamado a estos escenarios blicos actuales espacios de violencia abierta, esto es, espacios en los que la sola violencia dicta los acontecimientos, siguiendo en todo caso rutinas adquiridas, pero en absoluto coartada por ningn cdigo de reglas?

Ahora bien, se podra objetar que ser testigos de la liquidacin paulatina de un canon de reglas ya reconocido nos confunde forzosamente y nos ciega ante nuevas normas y estructuras que estaran formndose en medio de la aparente anarqua. Ninguna guerra, ni la ms salvaje y brutal, puede hacerse sin seguir ciertas convenciones, las cuales, se comprende, no tienen necesariamente que constar por escrito.

Por ejemplo, en la Edad Media cada guerra, cada querella tena que legitimarse como respuesta a una violacin del derecho. En la Edad Moderna los derechos humanos provenientes de la ilustracin adoptaran un papel comparable. Slo por la existencia de unas normas informales de este tipo se explica que, por ejemplo, en los disturbios internos de Amri-.

Pero segn todo lo que actualmente se sabe de aquellos escenarios blicos, esta expectativa queda todava en un futuro lejano. Lo que hoy en da predomina es la tendencia a la descomposicin y a la destruccin sin lmites, el principio del anything goes como mtodo de guerra.

Esta tendencia es tanto ms funesta por el hecho de que invita, e incluso obliga formalmente, a la imitacin, tal como afirman algunos tericos de lo militar.

Schmitt cita el dicho de que a los partisanos slo puede combatrseles al modo partisano. Por ejemplo, el ltimo rgimen militar argentino crea que slo podra vencer a sus adversarios, los movimientos guerrilleros, aventajndolos en arbitrariedad, opacidad y crueldad de procedimientos.

Schmtepnrazcosuteiplhcho de que en general se crea que reconoci una ley importante de la guerra induce a esperar que en un futuro cercano proseguir la desregulacin de los conflictos violentos antes que su restriccin. El imaginario punto final de esta evolucin sera una guerra anmica, esto es, una guerra en que nada fuera seguro: En el caos semntico que un conflicto tal desencadenara, la nica prueba irrefutable del estado de guerra sera para todos sus participantes y afectados la prctica continua de la violencia.

Simmel y L. Coser, un mnimo acuerdo, as como un cierto entendimiento entre las partes del conflicto o de la guerra.

Que sea posible comprenderlos de alguna manera, aunque slo sea limitada, es debido sobre todo a que los caudillos y sus squitos armados saben de antemano, o lo aprenden rpidamente, por qu vale la pena hacer la guerra.

El punto de partida de nuestras consideraciones era, repitmoslo, las relaciones clsicas, que Creveld caracteriza como un esquema trinitario. La cpula del Estado, representada durante mucho tiempo por la monarqua y despus por lites elegidas, decide, segn el inters del Estado, sobre la guerra y la paz; al ejrcito y aparato militar en su conjunto le compete llevar a trmino e imponer estas decisiones; el pueblo, finalmente, no tiene en principio nada que decir en la alta poltica y slo aparece como parte pasiva al tener que cargar con el peso principal de las guerras.

Ms tarde, despus de la Revolucin francesa, su papel cambia. Movilizado por designios nacionalistas, el pueblo se convierte en el protagonista de las guerras modernas. Al mismo tiempo, sigue soportando el principal sufrimiento de unas guerras que, en tanto que totales, se dirigen cada vez ms contra la poblacin civil.

Este esquema clsico ha experimentado una sacudida fundamental debido, no en ltimo trmino, a las guerras civiles. Sobre todo, la lnea de separacin entre soldado y civil, como ya se ha insinuado al tratar el cambio de rol del pueblo, se ha ido borrando progresivamente. El inicio de este proceso, como de muchas otras modificaciones de las estructuras militares, lo marcaron las guerras de guerrillas y partisanas, ya que a las tropas regulares les era imposible distinguir entre un civil inofensivo y un combatiente camuflado de civil.

Pero el proceso no se detuvo aqu. En las ultimsimas guerras civiles de frica o de zonas de la antigua Unin Sovitica se da un deslizamiento de simple ciudadano a combatiente ocasional, de ste a soldado regular o miliciano o guerrillero, y de ste, a su vez, a bandido o terrorista. As, en Sierra Leona hablamos del sobel, el cual lucha durante el da en las filas de un ejrcito regular y durante la noche asume el rol de rebelde soldier by day, rebel by night.

La relativizacin de tales distinciones tiene mucho que ver con el cambio de estatus y papel de los combatientes. Hasta bien entrado el siglo xix hubo una clara separacin entre la esfera de los civiles y la de los soldados.

Quien segua la carrera militar reciba una formacin bsica, tena que habituarse a la instruccin y la disciplina y aprender a luchar en formaciones cerradas. Al adiestramiento sistemtico para la guerra le corresponda un. Guerra civil: Es cierto que la lnea de separacin entre ellos se desdibuj a causa del surgimiento de la guerra popular en el siglo xix, pero su existencia no se cuestion, ya que el recluta de reemplazo se vea sometido durante su servicio militar obligatorio al mismo adiestramiento e instruccin que el aspirante a soldado profesional.

Por lo que respecta a la guerra de partisanos o de guerrillas, la otra variante de la guerra popular, tuvo como consecuencia que, desde un punto de vista puramente externo, las fronteras entre guerrillero y poblacin civil se disolvieron, pero, internamente, el guerrillero, en tanto que soldado poltico, se mantena por completo dentro de la tradicin de una tropa de lite de corte clsico. Convertido en combatiente no por obligacin exterior sino por motivacin propia, se consideraba a s mismo maestro y gua de la gran masa al anticipar con su abnegacin las mximas de comportamiento general propias del orden social que persegua.

Poco queda de esta conciencia mesinica en el combatiente predominante hoy da en los pases meridionales y orientales. Se trata sobre todo de gente joven, en su mayor parte adolescentes o incluso nios, cuyas perspectivas laborales en estos pases superpoblados son ms que turbias.

El estallido de hostilidades civiles les ofrece una inesperada oportunidad de subsistencia a la que se aferran abnegadamente. Su formacin para el oficio de la guerra se debe en su mayora a la necesidad, y la posesin de un arma les llena de un sentimiento desenfrenado de supremaca respecto a las personas indefensas.

Sin duda, entre estos combatientes hay tambin jvenes motivados ante todo por la religin o l poltica, sobre todo en las regiones islmicas, pero en general parece que el uso de la violencia les sirve en primer lugar para la autoconservacin fsica y el enriquecimiento material. Puesto que la soldada que se les paga es escasa, se dedican a merodear impunemente a la poblacin civil desarmada, sindoles indiferente si sta oficialmente pertenece al bando poltico propio o al contrario.

Habituados desde pequeos a la miseria y a la muerte, no tienen ningn escrpulo en propagar a su vez la muerte y la miseria. En cuanto a los lderes, los rasgos tpicos del combatiente civil de nuestro tiempo se concentran, como en un vidrio ustorio, en la figura del warlord.

Con todo, hay que guardarse de una generalizacin precipitada. Ya la sola situacin en Afganistn ejemplifica que hay barones de la guerra muy diferentes: Primero, los warlords slo pueden poner pie all donde las estructuras estatales son tan quebradizas que se produce un vaco de poder reconocido generalmente. Este caso es ms raro en los pases latinoamericanos, existentes desde hace tiempo, que en frica o partes de Asia; ms improbable en las zonas de influencia de las metrpolis que en las interiores, menos abiertas.

En parte los warlords llenan las lagunas de poder al asumir a bajo nivel unas funciones similares a las del Estado. Segundo, el warlord surge de la guerra y vive de la guerra, esto es, las guerras, desde su punto de vista, no son ningn medio para un fin especfico sino que son un fin en s mismas. Haciendo la guerra afirma su posicin dirigente, conserva el poder militar sobre el que se apoya, y controla y protege a la poblacin, de cuyas contribuciones, en parte voluntarias en parte involuntarias, depende.

Con frecuencia el warlord es a la vez empresario, general y lder poltico. Trae a la memoria al prncipe europeo de los comienzos de la modernidad, el cual, tal como lo caracteriza C. Tilly," consolidaba su seoro mediante proteccin y extorsin. De ello resulta, y ste sera el tercer punto, que los warlords no estn interesados seriamente en la paz sino que, al contrario, necesitan prolongar el estado de inseguridad y de guerra.

En este objetivo estn todos completamente de acuerdo, por mucho que en lo dems guerreen del modo ms violento. Hablan la misma lengua y pueden entenderse fcilmente en las cuestiones centrales.

Podra decirse que los warlords son expertos en alargar las guerras civiles, puesto que rehyen las decisiones definitivas y siempre encuentran un motivo para seguir luchando. En parte, la causa podra ser que sus recursos militares no bastan para hacerse con el aparato central del Estado, firmemente anclado en estructuras burocrticas. Pero aunque esto les fuera en principio posible, ms bien haran caso omiso o se apoderaran del Estado para saquearlo, es decir, para debilitarlo, en lugar de utilizarlo para dar fuerza a sus ansias de poder.

Resumiendo todas estas observaciones, en la figura del warlord encuentran una plasmacin cuasi institucional los rasgos y tendencias que diferencian a las ltimas guerras civiles de sus predecesoras o guerras internacionales. Mientras estas ltimas se dirigan a la toma y transformacin del. Despus de la Segunda Guerra Mundial las guerras civiles estallaron sobre todo en aquellos pases que formalmente estaban organizados como Estados pero cuyo poder poltico central era incapaz de someter a control duradero las fuerzas sociales y consiguientemente de prohibirles que se tomasen la justicia por su mano.

No hay fronteras estatales all donde, no habiendo tampoco ningn territorio nacional, ni tan siquiera por su forma externa existe un Estado, razn por la cual est de ms diferenciar entre guerras nacionales y guerras internacionales. As de inseparablemente unida est la guerra civil moderna al ascenso y expansin mundial del Estado como principio de ordenacin del espacio poltico. Por otro lado, donde el Estado ha triunfado definitivamente como instancia de poder poltico y ha impregnado todas las estructuras sociales, o sea, en la Europa occidental, no ha habido recientemente ninguna guerra civil.

El motivo puede ser que todos los Estados de la Europa occidental tienen constituciones democrticas que posibilitan un relevo pacifico del poder, de modo que la necesidad de un derrocamiento violento del gobierno resulta improcedente.

Con otras palabras: El Estado nacional europeo, que se convirti en la forma de organizacin poltica determinativa a lo ms tardar en el siglo x x, es el producto final de un proceso de seleccin y competencia que dur siglos. Las guerras que prncipes y reyes se declararon entre s casi sin interrupcin para ampliar con ellas su territorio y su mbito de poder fueron al mismo tiempo la palanca ms importante para agilizar la consolidacin interior del Estado.

Sirvieron para gravar a los ciudadanos con impuestos regulares, para propiciar la formacin de un ejrcito estable y una administracin eficiente, para impulsar la apertura de calles y canales, para fomentar la economa, etc. Adems, los lderes absolutistas si bien supieron cmo amansar a los estamentos y grupos reacios aprendieron por su parte a veces slo despus de sangrientos conflictos a cerrar compromisos, sobre todo con una burguesa en ascenso que marcaba crecientemente la evolucin espiritual y cultural de estos Estados.

En cambio, muchos Estados del Sur y del Este son entidades nacidas hace poco. Sus fronteras no han surgido paulatinamente ni despus de guerras externas sino que son herencia de la poca colonial o del dominio de alguna gran potencia que las estableci arbitrariamente.

Una excepcin parcial a esta regla la constituye Latinoamrica, donde, tras la liberacin del subcontinente del dominio colonial espaol y portugus, se produjeron mltiples en parte violentas reorganizaciones territoriales y rectificaciones de fronteras antes de que los Estados nacionales adoptaran su forma definitiva.

Lo dicho sobre las fronteras es tambin extensivo en su mayora a las organizaciones y estructuras polticas de dichos pases. Ningn Estado que funcionara con unas instituciones basadas en el modelo europeo o norteamericano ha tenido por regla general un efecto poltico duradero, ya que no gozaba de ningn arraigo social profundo.

Parlamentos, una administracin pblica, una justicia independiente, sin duda todo esto exista nominalmente y de acuerdo con la letra de las constituciones respectivas, pero el estilo clientelista que se atribua a estas funciones del Estado no tena demasiado que ver con el espritu de la racionalidad ilustrada al que agradecan su nacimiento. Adems, la mayora de estos Estados son pobres y dependientes en alto grado del exterior. A falta de otros recursos, los mandatarios de estos Estados se sirven de numerosos medios represivos para forzar a la poblacin a la docilidad, pero sin conseguir imponer un monopolio de poder efectivo.

En general, no existe una clase social que sustente al Estado, comparable a la burguesa y las clases medias de los pases industrializados. Es sorprendente entonces que en estas criaturas estatales provisionales fermenten por doquier, y en muchos lugares estallen, persistentes guerras civiles?

En qu acabarn estas guerras, cul ser su resultado definitivo, todava no se puede prever en la actualidad, y presumiblemente tampoco pronosticar de una forma general. En todo caso, no es en absoluto seguro que siempre encuentren su conclusin y su sentido en la construccin y consolidacin del Estado.

Schieder ha demostrado que en Europa el nacimiento del Estado nacional fue el resultado tanto de procesos disociativos la disolucin de los grandes imperios como de procesos asociativos la concentracin de pequeas unidades polticas. Aun cuando no se comparta el pronstico de Creveld, que ya vislumbra el fin del Estado como ordenamiento internacional, parece unilateral y reduccionista ver siempre en las guerras civiles slo una etapa y una contribucin a la formacin del Estado.

Laitin Universidad de Chicago. Los movimientos nacionalistas que buscan hacer acordes las fronteras del Estado y de la nacin en muchos casos han empleado o han inducido la violencia. Ahora bien, movimientos comparables, similares en objetivos y aparentemente parecidos en contexto, han sido resueltos por medios relativamente pacficos.

Este ensayo emplear las herramientas de la teora de juegos y el mtodo comparativo de la ciencia poltica' para abordar la cuestin: La respuesta no se va a encontrar en las grandes fuerzas de la historia que tienen que ver con el capitalismo, la formacin del Estado y la desigualdad. Ms bien, las condiciones que llevan a la violencia requieren unos fundamentos micro basados en la organizacin social de la vida rural y de las pequeas ciudades, los fenmenos vinculados al reclutamiento poltico y los efectos disparados de sucesos fortuitos.

Los enfoques predominantes en el estudio del nacionalismo y la violencia se han basado en la identificacin de los diversos procesos sociales que ayudan a situar el nacionalismo en un contexto histrico profundo. Este proceso, denominado movilizacin social, descolg a las personas de las lealtades a la tribu, al pueblo o a la regin.

Los Estados del perodo precapitalista eran plurinacionales, y las fronteras se fijaban mediante matrimonios dinsticos, guerras y conveniencias geogrficas. Las culturas de la poblacin dentro de estas fronteras eran de poca relevancia para los lderes o para los sbditos. Pero el capitalismo, la. Ilustracin y la Reforma protestante trajeron las nociones de ciudadana individual a la conciencia de las nuevas clases sociales poderosas.

Los smbolos que indicaban la cultura comn de las personas, asociados a las culturas de las zonas econmicas centrales, se convirtieron en poderosas herramientas de legitimacin, en gran parte porque conectaban lo moderno un Estado poderoso con lo neotradicional smbolos de un idioma nacional, ascendencia y territorio.

De esta forma se inventaron7 o se imaginaron8 las naciones. Los reyes ingleses, franceses o espaoles buscaron poner de relieve una cultura nacional comn tratando de aumentar la coherencia y la eficacia del gobierno estatal. Toda la fuerza ce las ideas nacionalistas, que la habilidad de Napolen demostr brillantemente a la hora de reclutar soldados que estuviesen comprometidos con la causa nacional, llevaron a los gobernantes de todo el mundo a reproducir el xito francs haciendo hincapi en los smbolos nacionales que legitiman la dominacin estatal.

El enorme xito de los primeros proyectos nacionalistas y el material simblico disponible universalmente una historia mtica, un idioma comn, un apego al territorio contridownloaderon a una reproduccin fcil de estos proyectos por todo el mundo. Debido a esta cualidad y a las profundas necesidades de las personas de sentirse parte de una comunidad en el anmico mundo moderno, las ideologas nacionalistas han continuado teniendo una enorme fuerza durante todo el siglo actual.

Pero la historia de la violencia es ms difcil de contar. Los socilogos histricos son muy conscientes de que el nacionalismo creci en Inglaterra de una forma relativamente benigna, mientras en Alemania se asoci con odio a las minoras, genocidio y guerra imperialista. Se han hecho mltiples intentos para establecer conexiones entre los tipos de nacionalismo y la probabilidad de la violencia, por ejemplo distinguiendo los Estados que crearon naciones Francia o Inglaterra de las naciones que crearon Estados Italia o Alemania.

Otras tipologas identificaron pautas adicionales de desarrollo nacionalista, pero en ninguno de estos trabajos se ha dibujado una lnea emprica o terica entre nacionalismo de una parte y resultados violentos de otra. O si un Estado nacional se encuentra a s mismo econmicamente dbil comparado con un Estado vecino, sus lderes podran utilizar los smbolos del nacionalismo para movilizar a la poblacin hacia esfuerzos extraordinarios para darle alcance.

Esto podra en ltima instancia dar lugar a acciones militares en que el Estado atrasado busque apoderarse de los recursos valiosos mediante la guerra o el imperialismo; o bien podra dar lugar a la persecucin dentro de las fronteras estatales de las minoras a las que se responsabiliza del fracaso en el desarrollo. La violencia nacionalista en forma de guerras tnicas internas en los Estados poscoloniales de frica y Asia se atridownloade a menudo al hecho de que estos pueblos coloniales sufrieron el desarraigo que trajo el capitalismo pero pocos de sus beneficios econmicos.

En general, los tericos de la macrosociologa sostienen que el capitalismo induce un vasto cambio social y una poderosa ideologa de legitimacin esto es, el nacionalismo.

Aquellos que pierden en estos procesos de cambio emplearn la poderosa ideologa de forma violenta para enfrentarse a los vencedores. A menudo se utilizan teoras psicolgicas para dilucidar las razones por las que los que sufren privacin relativa o los que afrontan un estatus de inferioridad pueden ser inducidos a la accin violenta.

El mtodo comparativo utilizado en este ensayo ayuda a socavar la contundencia de las formulaciones que encuentran la raz principal de la violencia nacionalista en el capitalismo, las interrupciones en la modernizacin, el poscolonialismo, la pobreza, la privacin relativa o el estatus de inferioridad. Y lo hace buscando sistemticamente las divergencias en resultados la variable dependiente cuando la supuesta causa la variable independiente est presente en todos los casos.

Si el colonialismo se asocia con violencia en Argelia pero con paz en Tnez, el mtodo comparativo nos manda dirigir nuestra mirada a otra parte para buscar las causas de la violencia argelina. Observar un nico caso por ejemplo, Argelia podra llevar a un historiador o a un antroplogo a establecer lazos entre la experiencia colonial y la guerra violenta para la liberalizacin nacional.

El mtodo comparativo sugiere que estas conexiones son tenues. O pensemos en los casos de Catalua y el Pas Vasco cuando reaparecieron los movimientos de resurgimiento nacional en estas dos regiones espa-.

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La diferencia en la variable independiente altos niveles de violencia en el movimiento vasco; bajos niveles de violencia en Catalua es muy marcada. Se pueden controlar las condiciones macrosociolgicas: Podemos por tanto descartar estas variables como explicativas de la violencia vasca o de la paz catalana.

La comparacin vasco-catalana sirve como primer paso de este ensayo en la utilizacin del mtodo comparativo. El paso siguiente requiere una identificacin de las diferencias fundamentales entre los casos que sirvan de explicaciones convincentes para sus diferentes resultados.

Estas diferencias necesitan formularse como variables, y por tanto es necesario algn grado de abstraccin. La razn es que el objetivo del mtodo comparativo no es explicar nicamente el conjunto de casos que se estudien.

Las supuestas causas deben formularse, por tanto, de manera que otros especialistas puedan determinar si ese factor estuvo presente en otros casos. Luego paso a la teora de juegos para complementar el mtodo comparativo. Lo hago porque la identificacin de las conexiones factibles entre variables dependientes e independientes slo sugiere asociacin, pero no causa. Las relaciones empricas se hacen fuertes si son parte de un relato conducido por deduccin que proporcione las razones del cmo y el porqu la situacin de la variable independiente lleva a resultados especficos de la variable dependiente.

Dos Santos, Sociedades sin atajos Guhenno, El fin de la democracia Payne, La primera democracia espaola Resta, La certeza y la esperanza Howard Ross, La cultura del conflicto Huntington, El choque de civilizaciones Kepel, Al oeste de Al Popper, La responsabilidad de vivir Bergalli y E. Resta comps. Gellner, Condiciones de la libertad Bosetti com. Lasch, La rebelin de las lites Fitoussi, El debate prohibido Heillbroner, Visiones del futuro Gerstner, Jr.

Barry, La justicia como imparcialidad Bobbio, La duda y la eleccin Kymlicka, Ciudadana multicultural Mein, El fin del trabajo Castells comp. Moore, Gestin estratgica y creacin de valor en el sector pblico P Van Parijs, Libertad real para todos Kelly, Por un futuro alterntivo Costa, J.

Prez Tornero y ETropea, Tribus urbanas Randle, Resistencia civil Dobson, Pensamiento poltico verde Margalit, La sociedad decente Held, La democracia y el orden global Giddens, Poltica, sociologa y teora social Miller, Sobre la nacionalidad Amin, El capitalismo en la era de la globalizacin Heifetz, Liderazgo sin respuestas fciles Osbome y P Plastnik, La reduccin de la burocracia Castel, La metamorfosis de la cuestin social Beck,Qu es la globalizacin?

Heilbroner y W Miller, La crisis de visin en el pensamiento econmico moderno E Kotler y otros, El marketing de las naciones Juregui y otros, El tiempo que vivimos y el reparto del trabajo Gorz, Miserias del presente, riqueza de lo posible Brzezinski, El gran tablero Walzer, Tratado sobre la tolerancia E Reinares, Terrorismo y antiterrorismo Etzioni, La nueva regla de oro Nussbaum, Los lmites del patriotismo Pettit,Republicanismo Mouffe, El retorno de lo poltico Touraine, Cmo salir del liberalismo?

Strange, Dinero loco Gargarella, Las teoras de la justicia despus de Rawls P Waldmann y E Reinares comps. Cubierta de Vctor Viano Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizacin escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproduccin total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografa y el tratamiento informtico, y la distribucin de ejemplares de ella mediante alquiler o prstamo pblicos.

Definicin de guerra 2. Respecto a la especial dureza de las guerras civiles 3. Ampliacin del marco de referencia 4. Guerra sujeta a reglas versus guerra sin reglas 5. Warlords 6. Fundacin o disolucin del Estado? Laitin 45 1. El mtodo comparativo 47 2. La bsqueda de una teora: Catalua y el Pas Vasco 49 3.

Sociologa histrica de Catalua y el Pas Vasco 51 4. Modelos de investigacin por encuestas sobre nacionalismo vasco y cataln 53 5. Explicaciones antropolgicas del nacionalismo vasco y cataln 54 6. Los fundamentos micro de la violencia nacionalista 56 7.

Recuento de las historias del resurgimiento nacionalista vasco y cataln 62 8. Una prueba crtica: Georgia y Ucrania 69 9. Explicar el acuerdo ucraniano y la violencia georgiana. Fundamentos micro del acuerdo y de la violencia nacionalistas postsoviticos 77 Conclusin 82 3. Los efectos inmediatos de las guerras civiles 2. Los niveles de la progresin de violencia 87 88 94 3.

Cambios de las estructuras sociales 4.

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Para una interpretacin de las guerras civiles 4. Krumwiede 1. Respecto a los requisitos y caractersticas de una paz estable 2. A qu actores interiores hay que incluir directa o indirectamenteen el proceso de negociacin de un acuerdo de paz para posibilitar la finalizacin de una guerra civil?

Bajo qu condiciones los combatientes se disponen seriamente a negociar la finalizacin de una guerra y a cumplir los compromisos que presentan perspectivas de una paz estable? Qu problemas tienen que solventarse en un acuerdo de paz para que ste encuentre la aprobacin de los contendientes relevantes y ofrezca perspectivas de una paz estable?

La democracia como dispositivo institucional para la pacificacin de conflictos 6. Qu guerras civiles no pueden pacificarse o slo con especiales dificultades? Qu posibilidades de influencia tienen los actores externos en la pacificacin de guerras civiles? Bernecker 1. Planteamiento de la pregunta y del problema De la guerra de voluntarios a la guerra popular organizada 2. Ruptura con el pasado y nuevo comienzo 4. Sobre las ambivalentes consecuencias a medio y largo plazo de la guerra civil Memoria histrica y formacin de la identidad 5.

Conclusin 6. Un Estado y sus pueblos 2. La desintegracin de Yugoslavia 3. Las fases de la guerra yugoslava - Sumario 9 4. La guerra civil en Bosnia-Herzegovina 5. Objetivos blicos de las partes implicadas en el conflicto bosnio 6. La limpieza tnica 7. La reaccin de la comunidad internacional 8.

En el camino hacia la paz 9. Despus de Dayton 7. La particin de Irlanda 2. Orgenes de los disturbios 3. El nacimiento del IRA Provisional 4. El gobierno directo desde Londres Direct Rule 5. Criminalizacin 6.

La politizacin de los paramilitares 7. El Acuerdo Angloirlands 8. La iniciativa Brooke 9. Alto el fuego Ruptura del alto el fuego Restauracin del alto el fuego El Acuerdo de Belfast Conclusin 8.

Israel como nacin-en-armas: ideologa de unidad 2. El cambio poltico: demarcacin entre el ejrcito y la sociedad 3. El colono-soldado 4. Conclusin Tercera parte 9. El contexto histrico 2. La violencia y sus agentes 3. El discurso blico 4. Consecuencias del conflicto 10 Sociedades en guerra civil Datos sobre la violencia y grupos conflictivos 2.

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Guerras civiles entre las lites del siglo xix 3. La Violencia 4. El narcotrfico como factor de violencia 6. Consideraciones finales Civil War Comics Relacionados. Minimum Carnage marzo 6, Exiled marzo 6, Everything Burns marzo 6, Solucionado y Resubido, que lo disfrutes!

Aqui solo tenemos los tomos de la serie. No es necesario leer otros para entenderla. This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish.De acuerdo siempre con dicha visin, al concluir la llamada Guerra Fra, a finales de los ochenta, se abrieron nuevas posibilidades para una era de paz mundial.

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En primer lugar, aquellos conflictos violentos definidos como simples, que producen menos de vctimas mortales al ao; en segundo lugar, los conflictos violentos de baja intensidad, que cuestan anualmente la vida a entre y 1. Bajo qu condiciones los combatientes se disponen seriamente a negociar la finalizacin de una guerra y a cumplir los compromisos que presentan perspectivas de una paz estable?

I6 Los catalanes no han sido inmunes a la violencia nacionalista. A tenor de lo argumentado en las pginas precedentes, resulta oportuno llevar a cabo un tratamiento ms flexible de tales fenmenos, en la medida en que se han desdibujado sus contornos a lo largo de las ltimas dcadas.